La situación internacional vive una peligrosa intensificación de la agresión imperialista encabezada por Estados Unidos, cuyas acciones desestabilizadoras están generando rechazo y movilización en todo el mundo. Irán, Venezuela y amplios sectores populares de América, Europa y el propio territorio estadounidense denuncian una misma realidad: Washington utiliza la violencia, la injerencia y la coerción económica como herramientas de dominación.
Irán ha acusado formalmente ante la ONU a Estados Unidos e Israel de coordinar operaciones destinadas a fomentar el caos interno, incitar la violencia y manipular protestas legítimas para justificar futuras intervenciones. Teherán advierte que responderá con firmeza a cualquier intento de desestabilización auspiciado desde el exterior.
En paralelo, el secuestro militar del presidente venezolano Nicolás Maduro y de la primera dama Cilia Flores ha desatado una ola de indignación global. Movimientos sociales en América Latina, Europa y Estados Unidos exigen su liberación inmediata y denuncian la violación flagrante de la soberanía venezolana. Las protestas señalan con claridad el trasfondo económico del ataque: el control del petróleo venezolano.
La propia industria estadounidense ha dejado al descubierto esta motivación. Representantes de Halliburton, una de las mayores petroleras del mundo, recordaron públicamente a Donald Trump que abandonaron Venezuela no por voluntad propia, sino porque las sanciones impuestas por Washington les obligaron a marcharse, frustrando sus planes de negocio. El reconocimiento evidencia que la agresión contra Venezuela no responde a “defensa de la democracia”, sino a la ambición de apropiarse de sus recursos naturales.
Mientras tanto, dentro de Estados Unidos crece la indignación por la violencia institucional. Miles de personas han salido a las calles tras el asesinato de Renee Good a manos de un agente del ICE, denunciando la brutalidad sistemática y el carácter abiertamente racista y represivo de la política migratoria del Gobierno estadounidense.
El escenario internacional confirma que el imperialismo atraviesa una fase de agresividad desesperada, incapaz de aceptar el avance de un mundo multipolar. Frente a ello, los pueblos se levantan en defensa de la soberanía, la paz y la dignidad.